¿Te imaginas una camioneta que funcione con hidrógeno y que, en plena década de los sesenta, ya fuera capaz de moverse sin quemar una sola gota de gasolina? Suena a ciencia ficción, pero General Motors lo hizo realidad con la Electrovan, un experimento que nació de la fiebre espacial y que hoy es considerado el abuelo de los vehículos de hidrógeno. Eso sí, era tan peligrosa que sus pruebas se hicieron lejos de cualquier ser humano.
El contexto: la carrera espacial y la fiebre por el futuro
A mediados de los años 60, la competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética por conquistar el espacio lo impregnaba todo. La palabra “futuro” sonaba a algo tangible y las mentes más brillantes de la ingeniería buscaban trasladar esos avances al mundo cotidiano. En ese ambiente, General Motors se preguntó: si la NASA podía alimentar una nave con una pila de combustible, ¿por qué no hacer lo mismo con un vehículo? Así nació la idea de la Electrovan.
La colaboración con la NASA: de los astronautas al asfalto
La Electrovan no se entiende sin la alianza entre GM y la NASA. Durante los programas Gemini y Apollo, los ingenieros de GM ayudaron a desarrollar pilas de combustible de hidrógeno que generaban electricidad y agua potable para los astronautas. Inspirados por ese avance, en 1966 decidieron dar el salto a las calles. El proyecto estuvo liderado por Craig Marks, jefe de Ingeniería Futurista de GM, y reunió a 250 técnicos trabajando en tres turnos durante casi un año.
La base elegida fue una GMC Handi-Van, una camioneta sencilla pero robusta. No había referencias previas: cada pieza, cada válvula y cada cable se diseñó desde cero. Fue un experimento tan ambicioso que rozaba la locura, pero funcionó.
Así era la Electrovan por dentro: pura tecnología espacial
La General Motors Electrovan escondía un sistema tan complejo como fascinante. Estas eran sus características principales:
- Pila de combustible de 32 módulos que entregaba una potencia máxima de 160 kW (218 hp).
- Utilizaba hidrógeno y oxígeno líquidos para producir electricidad.
- Contaba con unos 178 litros de hidróxido de potasio como electrolito y unos 170 metros de tubos de plástico recorriendo su interior.
- Pesaba más de 3,200 kilos, de los cuales más de la mitad correspondían al sistema eléctrico y de propulsión.
- Aun así, alcanzaba 113 km/h y una autonomía cercana a los 240 km.
- Su aceleración era asombrosa: cerca de 30 segundos en el cero a 100 km/h.
De acuerdo con los archivos del GM Heritage Center, el costo de su pila era tan alto que el platino empleado para hacerla bastaría para comprar una flota entera de camionetas nuevas. Para dejar espacio a los enormes tanques criogénicos, solo quedaban dos asientos disponibles. Estos depósitos, capaces de mantener el hidrógeno y el oxígeno líquidos a temperaturas entre -180 °C y -250 °C, convertían el habitáculo en una auténtica bomba sobre ruedas. Por eso GM nunca permitió que la Electrovan saliera a la vía pública.
Pruebas al límite: cuando un tanque explotó
Las pruebas se realizaron en un circuito cerrado en septiembre de 1966, lejos de cualquier edificio o persona. Fue una decisión acertada: un tanque externo de hidrógeno explotó, lanzando fragmentos metálicos a más de 400 metros de distancia. Nadie resultó herido, pero el susto fue monumental. Desde entonces, la Electrovan se convirtió en una lección de prudencia para los pioneros del hidrógeno, remarcando su volatilidad.
Entre tanto, la van quedó olvidada en un rincón de la fábrica de Pontiac durante 31 años, hasta que fue redescubierta en 2001. Ahora descansa en el museo GM Heritage Center.
El legado: un experimento que marcó el camino
La Electrovan nunca llegó a producción, pero su legado se extendió durante décadas. GM siguió experimentando con la tecnología en proyectos como los HydroGen1, HydroGen3, HyWire, Sequel o HydroGen4, y más tarde colaboró con el Ejército estadounidense en el Chevrolet Colorado ZH2.
La GM Electrovan fue una paradoja sobre ruedas: demasiado avanzada para 1966, demasiado peligrosa para producirse, pero también fue la primera gran prueba del futuro que hoy la industria del automóvil sigue intentando alcanzar: una movilidad limpia, silenciosa y sin límites.
¿Qué pasó con el hidrógeno en México y Estados Unidos?
Hoy, más de 50 años después, el hidrógeno sigue siendo una promesa en la industria automotriz. Marcas como Toyota y Hyundai han lanzado vehículos de hidrógeno como el Mirai y el Nexo, pero su infraestructura de recarga es aún muy limitada, especialmente en México y Latinoamérica. La Electrovan nos recuerda que la tecnología siempre ha estado ahí, pero los retos de seguridad y costo siguen siendo enormes.
Así que la próxima vez que veas una camioneta eléctrica o de hidrógeno, piensa en aquella GMC Handi-Van de 1966 que, con 218 hp y un sistema que parecía sacado de una película, se atrevió a desafiar al futuro. Eso sí, sin pasajeros a bordo y con muchos metros de distancia por seguridad.

