El precio del diésel sigue por las nubes y está cobrando víctimas. En solo 30 días, 16 empresas de transporte de carga en Estados Unidos se declararon en bancarrota, según reportes de múltiples fuentes. La causa principal: el imparable aumento del costo del combustible, que se convirtió en la gota que derramó el vaso para estos operadores.
Aunque parezca un tema lejano, lo cierto es que el diésel es el alma del transporte de mercancías en Norteamérica. Y cuando su precio se dispara, los efectos se sienten en todos los sectores, incluido el nuestro. En México, donde el autotransporte mueve más del 80% de la carga, la situación es igual de crítica.
¿Quiénes quebraron y por qué?
De acuerdo con los reportes, las empresas que se acogieron al Capítulo 7 o Capítulo 11 de la ley de bancarrota estadounidense operaban en diferentes escalas. Algunas eran pequeñas, con un solo camión y su conductor. Otras, más grandes, con decenas de unidades. Lo preocupante es que cuatro de ellas tenían base en Texas, estado que recientemente declaró un desastre a nivel estatal para flexibilizar las restricciones sobre el uso de diésel no gravado en carreteras públicas.
Esa medida, aunque pensada para aliviar al sector agrícola, evidencia la gravedad del problema. El diésel sin impuesto (teñido) se usa principalmente en el campo, pero la crisis golpea a todos los que dependen del volante.
El efecto dominó en la economía
El alza del diésel no solo afecta a los transportistas. También alimenta la inflación en otros sectores. Un ejemplo claro: una empresa de reparto contratada por Amazon en Florida se declaró en bancarrota en septiembre. Daniel Kline, coeditor de TheStreet.com, lo explicó así: “En el negocio del transporte, el precio del combustible se come los márgenes de ganancia, y la competencia feroz dificulta que los jugadores pequeños trasladen esos costos a los clientes”.
Y agregó: “El diésel es la última presión para los transportistas que ya venían debilitados por años de mala economía en el flete y costos operativos al alza”.
La situación se complica con la llegada del invierno. En los estados del norte de Estados Unidos ya están encendiendo las calefacciones, lo que aumenta la demanda de diésel para calefacción. A eso se suma la incertidumbre en Medio Oriente, que podría extenderse hasta 2027. Con este panorama, es poco probable que veamos un alivio significativo en los precios antes de las fiestas decembrinas.
¿Qué significa esto para México?
México no es ajeno a esta crisis. El precio del diésel en nuestro país ha ido en aumento, aunque con matices. Según datos recientes, el diésel se cotiza en un promedio de 24 pesos por litro, y en algunas regiones supera los 25. Esto impacta directamente en el costo de los fletes, que se refleja en el precio final de los productos que consumimos.
Las empresas de autotransporte mexicanas, muchas de ellas pequeñas y medianas, enfrentan una disyuntiva: absorber el costo o trasladarlo al cliente. En un mercado tan competido, la mayoría opta por lo primero, reduciendo sus márgenes y poniendo en riesgo su supervivencia.
Además, la volatilidad del tipo de cambio y la dependencia de insumos importados agravan el panorama. No sería extraño que en los próximos meses veamos un incremento en las quiebras de transportistas locales si el precio del diésel sigue imparable.
Perspectivas a futuro
Los expertos señalan que la crisis del diésel es multifactorial. Por un lado, la transición energética ha desincentivado la inversión en refinerías, reduciendo la oferta. Por otro, la demanda global sigue firme, especialmente en economías emergentes. A esto se suman tensiones geopolíticas que afectan la producción y distribución.
Para los transportistas, la recomendación es diversificar rutas, optimizar consumos y, en la medida de lo posible, invertir en unidades más eficientes. Pero eso requiere capital, algo de lo que carecen muchos pequeños empresarios.
En el caso de México, el gobierno ha implementado estímulos fiscales al IEPS del diésel en algunas ocasiones, pero no han sido suficientes para contener el alza. Se espera que en los próximos meses se anuncien nuevas medidas, aunque no hay nada confirmado.
Mientras tanto, los que manejan un auto a diésel particular también resienten el golpe en la cartera. Aunque son minoría, enfrentan precios récord en las bombas. Y ni hablar de las camionetas pickup de trabajo, muchas de ellas a diésel, que son herramienta esencial para miles de familias en el campo y la ciudad.
Conclusión
La quiebra de 16 empresas de transporte en solo un mes es una señal de alerta. El alto precio del diésel no solo afecta a los grandes operadores, sino que tiene un efecto dominó en toda la economía. En México, donde el autotransporte es vital, la situación merece atención urgente. Si el precio del diésel sigue subiendo, más empresas podrían seguir el mismo camino. Y al final, todos pagaremos las consecuencias en el costo de los productos básicos.
Así que la próxima vez que veas el precio del diésel en la gasolinera, piensa dos veces: no solo afecta al que tiene una pickup, sino a toda la cadena de suministro que mantiene en marcha al país.

















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