La temporada 2026 de Fórmula 1 está a punto de coronar a Andrea Kimi Antonelli como el campeón más joven de la historia. El piloto de Mercedes necesita que su compañero de equipo no termine por encima del noveno lugar en la carrera de este domingo para asegurar el título. Sin embargo, la emoción parece haberse esfumado hace semanas y el ambiente en el paddock es más de resignación que de fiesta.
Un campeonato que se decide antes de tiempo
Mercedes y Antonelli repiten el discurso de siempre: que la lucha no termina hasta que termina. Pero la realidad es que las esperanzas de sus rivales se esfumaron hace mucho. Salvo un giro dramático en las próximas carreras, el título se entregará mucho antes del final de la temporada, algo que no es nuevo en la F1, pero que este año duele más por el contexto.
El año pasado, tres pilotos llegaron a la última fecha con opciones de campeonato. Fue un lujo que rara vez se ve. Normalmente, el campeón se define antes, y eso es precisamente lo que hace especiales temporadas como la anterior. Pero este 2026 no se siente especial bajo ninguna circunstancia.
El problema no es Antonelli, son las reglas
El mérito de Antonelli está fuera de duda: es rápido, consistente y ha sabido capitalizar las oportunidades. Pero las unidades de potencia de 2026, excesivamente complejas y con déficit de energía, están disfrazando las habilidades de los mejores pilotos del mundo. Cuanto más rápido y exigente es el circuito, más inadecuados resultan estos motores.
La F1 y la FIA han intentado vender el espectáculo como sea, pero saben que cometieron un error garrafal. La prisa con la que introdujeron parches y la intención de abandonar esta fórmula después de solo cuatro temporadas (un tercio de la vida de la anterior) son prueba de ello.
El caso Leclerc: la F1 castiga al que maneja bien
Charles Leclerc lo explicó con claridad a principios de año: en la Q3 de Spa hizo una curva 1 excelente, pero al ser una décima y media más rápido en ese sector, perdió dos décimas y media en la recta. “Al final fui una décima más lento a pesar de haber hecho un mejor trabajo en la curva”, dijo el piloto de Ferrari. Un campeonato del mundo no tiene valor en una serie que castiga a los que manejan bien. El marketing no puede cambiar eso.
La dificultad de entender quién realmente destaca
Seguir la F1 siempre ha implicado filtrar variables para descubrir quién está realmente rindiendo mejor. ¿Quién tiene el mejor chasis o motor? ¿A quién afectó más la falta de fiabilidad? Esa parte siempre me ha parecido atractiva. Pero en 2026 se ha vuelto impenetrable, sobre todo en carrera, donde el modo de adelantamiento invisible inclina la balanza y hace que ningún rebase pueda tomarse al pie de la letra.
Los ajustes modestos a la reglamentación de motores para 2027 no parecen suficientes para mejorar la situación. El mejor escenario sería ver a varios pilotos probando el nuevo IndyCar en el Circuit de Catalunya, programado entre los grandes premios de Austria y Bélgica. Seguro habrá más de uno con ganas de volver a un monoplaza que no se frene automáticamente antes de una curva rápida.
¿Y el legado de Antonelli?
Ojalá pudiera decir que la actuación de Antonelli este año y su probable coronación como el campeón más joven de la F1 me han convencido de que es uno de los grandes talentos de la historia. No tengo razones para creer que no lo sea, pero tampoco puedo afirmar lo contrario. Y no sentiría diferente sin importar quién ganara este título. Cuando la competencia es tan mala, ¿a quién le importa quién gane?
La carrera de este domingo en Austin definirá el campeonato, pero la sensación amarga persistirá. La F1 tendrá un nuevo campeón, pero también una tarea pendiente: recuperar la esencia de la competencia.

